HIPERTENSIÓN: CÓMO CONTRIBUYE A PROBLEMAS CARDIOVASCULARES

29-jun-2020

La hipertensión arterial, término médico que se le da a la presión arterial alta, es conocida como la muerte silenciosa. Esta enfermedad es la principal causa de defunción en todo el mundo.

En Guía tu Salud te contamos cómo este padecimiento si no es tratado a tiempo puede afectar el corazón.

De acuerdo a la OMS (Organización Mundial de la Salud) se calcula que en 2030, casi 23.6 millones de personas morirán por alguna enfermedad cardiovascular, principalmente por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.

Aunque poco se sabe cuáles son las causas que provocan la aparición de la hipertensión arterial, sí se sabe cómo afecta y cómo contribuye al desarrollo de problemas cardiacos.

Para entender cómo es que la HTA afecta a este órgano tan importante es necesario explicar como funciona. El corazón bombea sangre a través de una red de arterias, venas y capilares; el flujo sanguíneo choca contra las paredes de las arterias y esta fuerza se mide como presión arterial.

Es decir, para que la sangre llegue a todas las partes de nuestro organismo, debe vencer unas resistencias que se oponen a la circulación. Es al superar a estas resistencias que la sangre puede discurrir y abarcar todo el sistema vascular.

Cuando la hipertensión arterial aparece sucede un incremento de estas resistencias, por lo cual la sangre debe generar una mayor tensión sobre el músculo cardiaco y una mayor presión sobre el árbol arterial. Sin tratamiento para la hipertensión arterial, se pueden presentar síntomas de insuficiencia cardiaca.

Algunas veces, el músculo puede estar tan grueso que no recibe suficiente oxígeno, lo cual puede causar angina (dolor toráxico); también puede conducir al engrosamiento de las paredes de los vasos sanguíneos y cuando se combina con depósitos de colesterol aumenta el riesgo de un ataque cardiaco o de un accidente cerebrovascular.

Sin embargo, gracias a los investigadores se han identificado ciertas variables que desempeñan papeles importantes en las probabilidades de que una persona presente enfermedades cardiovasculares. Estas variables se conocen como factores de riesgo.

Los factores de riesgo se dividen en dos categorías: principales y secundarios. Los principales son aquellos cuya intervención en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares se ha comprobado, mientras que los secundarios son aquellos que elevan el riesgo de sufrir estas enfermedades.

Cuanto más factores de riesgo tenga una persona, mayores serán sus probabilidades de padecer una enfermedad del corazón. Algunos factores de riesgo pueden cambiarse, tratarse o modificarse y otros no. Pero el control del mayor número posible mediante cambios en el estilo de vida y/o medicamentos, puede reducir el riesgo cardiovascular.

Las personas hipertensivas que además son obesas, fuman o tienen niveles elevados de colesterol en sangre, tienen un riesgo mucho mayor de sufrir una enfermedad del corazón o un accidente cerebrovascular.

Uno de los principales factores de riesgo cardiovascular es el colesterol elevado. El colesterol es un lípido (sustancia grasa) que se transporta por medio de la sangre y se encuentra en todas las células del organismo. El hígado produce todo el colesterol que el organismo necesita para formar las membranas celulares y producir ciertas hormonas. Sin embargo, nuestro organismo también lo obtiene de los alimentos de origen animal como carne, huevos y productos lácteos o que contienen grandes cantidades de grasas saturadas.

Cuando la sangre contiene demasiadas lipoproteínas de baja densidad (LDL o colesterol malo), éstas comienza a acumularse sobre las paredes de las arterias formando una placa e iniciando así el proceso de la enfermedad denominada aterosclerosis. Cuando se acumula placa en las arterias coronarias que riegan el corazón, existe un mayor riesgo de sufrir un ataque cardiaco.

Entre los factores contribuyentes está el estrés. Se cree que este factor es uno de los principales contribuyentes al riesgo cardiovascular. Los investigadores han descubierto varias razones por las cuales el estrés puede afectar al corazón.

Las situaciones estresantes aumentan la frecuencia cardiaca y la presión arterial, creciendo la necesidad de oxígeno del corazón. Es en estos momentos de estrés, el sistema nervioso libera más hormonas (principalmente adrenalina), mismas que aumentan la presión arterial, lo cual puede dañar la capa interior de las arterias. Al cicatrizarse las paredes de las arterias, éstas pueden endurecerse o aumentar en grosor, facilitándose así la acumulación de placa.

El estrés también aumenta la concentración de factores de coagulación en sangre, aumentando así el riesgo de que se forme un coágulo. Los coágulos pueden obstruir totalmente una arteria ya parcialmente obstruida por placa y ocasionar un ataque al corazón.

El tratamiento y los cambios en el estilo de vida pueden ayudar a controlar la presión arterial alta para reducir el riesgo de complicaciones que ponen en peligro la vida y una de ellas es llevar una dieta baja en sal.

En estos casos los expertos en medicina suelen basar el tratamiento en inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina medicamento que ayuda al cuerpo a producir menos angiotensina, y favorece a los vasos sanguíneos para que relajen y se dilaten, lo que a su vez reduce la presión arterial.

Numerosos estudios demuestran que reducir la cantidad de sodio en la dieta reduce la presión arterial. La sal es necesaria en el organismo en pequeñas dosis, pero si se sobrepasa la cantidad adecuada se puede producir retención de líquidos y aumento de la presión arterial. Necesitamos 1,25 g de sal al día y tenemos que tratar de mantener su ingesta por debajo de los 6 g al día (1 cucharilla de café): 6 g de sal = 2,5 g de sodio = 2.500 mg de sodio.

¿Y por qué la sal es dañina?

Estudios recientes determinaron que el consumo excesivo de sal afecta a un mecanismo de seguridad en el cerebro, que impide que la presión arterial se eleve. La sal en exceso desregula este mecanismo, liberando una gran cantidad de vasopresina, una hormona antidiurética que causa el aumento de la presión arterial.

 

Es por eso que es importante quitar de la dieta varios los alimentos entre estos se encuentran las carnes ahumadas o curadas, por su alto nivel de sodio. Como por ejemplo, la panceta, el tocino, el jamón salado, los embutidos (mortadela, jamón, salami, salchichas) y los pescados en conserva.

También se recomienda controlar el consumo de queso, eligiendo aquellos tipos que contengan poca sal y grasa. Tampoco es aconsejable la ingesta de frutos secos, cereales, legumbres y tubérculos salados (como almendras, pistachos, nueces, avellanas, papas fritas saladas y palomitas de maíz). Es de vital importancia revisar con detenimiento las etiquetas de lo que se compra.

 
¿Cómo cocinar con menos sal?

La mayoría de alimentos ya llevan sal naturalmente, por lo cual en realidad no es necesario aumentarle este elemento. Tenemos por ejemplo a las frutas y verduras; específicamente, se recomienda el limón y otros cítricos como saborizantes naturales. Si sientes que algunas verduras, como la zanahoria, te resultan un poco insípidas, puedes experimentar con diferentes hierbas para darles sabor, como el romero, el laurel y la albahaca.

La pimienta también es una muy buena opción. Para dar sabor a la carne de cerdo, te recomendamos usar ajo, salvia y orégano. En el caso de la carne de res, la sal puede ser sustituida con tomillo y nuez moscada. Para tus ensaladas, te sugerimos que agregues alimentos secos y frutas deshidratadas, como los tomates que se secan al sol y los frutos secos.

 

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